Hace algún tiempo leí la noticia que tenéis más abajo. Como considero que uno ha de intentar no morir tonto la comparto con quien desee leerla y con la esperanza de que a Joan Barril no le moleste que se publique sin su consentimiento.
LOS CUATRO PODERES
JOAN BARRIL
AHÍ ESTÁN de nuevo. Iglesia, finanzas, Ejército y prensa. Con eso se crea un clima y la democracia se funde como un azúcar efímero. Realmente, o la derecha empieza a aceptar las reglas, o mejor nos exiliamos.
A algunos de ustedes tal vez no les sean del todo familiares los nombres del cardenal Segura, del general Sanjurjo, de Juan March o del diario El Debate. Son nombres antiguos que sólo se encuentran en ciertos libros de historia, pero que representan a los cuatro poderes que hicieron posible el llamado Alzamiento Nacional del que estos días hemos vuelto a ver la puntita nada más. Solución al problema planteado: el cardenal Segura, como su cargo indica, era el más recalcitrante antirrepublicano de la jerarquía católica de los años 30; Sanjurjo, que fue el responsable de la Guardia Civil, se pasó con armas y bagajes a los golpistas y protagonizó un frustrado golpe de Estado como ensayo del anterior; March era el dinero, y El Debate y otros periódicos pusieron la música. Incluso un general, por cierto con mando en la plaza de Sevilla, Queipo de Llano, no dudó en agarrarse a un micrófono para arengar a los suyos y desanimar a los republicanos. La historia sigue sus sendas. Al menos en España. Rajoy insiste en que el clima político justifica cualquier estornudo. O sea: que la democracia es un pequeño accidente, una aspirina en la gran gripe nacional que arrastramos desde las Cortes de Cádiz o desde Felipe V. El clima de hoy en el ámbito de la derecha no es muy distinto al que se tuvo que sufrir en los convulsos años 30. ¿Quién se manifiesta por las calles y los púlpitos? No es el cardenal Segura, sino Rouco y sus monaguillos. ¿Quién se solivianta ante el Estatut en el mundo económico? No es Juan March, sino el funcionario de los empresarios llamado Cuevas, el jefe de Endesa Manuel Pizarro o los jefes de compras que han decidido el boicot a los productos catalanes. ¿Quién asume el papel de Sanjurjo? En realidad, cualquiera. Ahora le ha tocado al tal Mena, pero podría haber sido cualquier otro. Y por lo que a la prensa se refiere, no hace falta señalar con el dedo el clima tipográfico que entre unos y otros están creando. Ni siquiera necesitan a Queipo de Llano para ponerse delante de un micrófono. Para eso ya tienen a profesionales, a columnistas y a quintacolumnistas.
¿Saben la suerte que por ahora tenemos ante este panorama déjà vu? Pues que hay democracia en Portugal, que Hitler murió en su búnker y que en Italia ni siquiera los herederos del fascismo se atreven a llamarse postfascistas. O sea, que podemos estar tranquilos por lo que respecta a la intervención ajena. Pero nos preocupa la palabra intervención cuando es pronunciada por un general. ¿Cómo puede intervenir el Ejército ante el Estatut? ¿Acaso ese pedazo de ciudad que es el Parlament volverá a ser la Ciutadella? Una vez más, los cuatro poderes del Apocalipsis han demostrado su razón de ser y sus ganas de entrometerse en el temor ancestral de los ciudadanos. Iglesia, capital, Ejército y propaganda disfrazada de prensa están ahí para lo que la derecha centralista guste mandar. Una cosa es clara. Hasta que no tengamos una derecha que pueda entender la discrepancia y que se siente a hablar de nuestras cosas, éste seguirá siendo un país de cabreros y de generales, de especuladores y de estafadores de la información. Los cuatro poderes.
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